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¿Por qué es tan importante saber hacer RCP y usar el DEA ante un paro cardiorrespiratorio?


Muchas veces en nuestro día a día nos encontrarmos, sin quererlo, en medio de situaciones de emergencia médica en las que la vida de una o más personas se encuentra en riesgo. Tal vez un accidente de tránsito en la vía pública con lesionados, una persona sufriendo una desavenencia cardíaca o bien un accidente doméstico.


Si ya te ha ocurrido, ¿qué hiciste en esas casos? Ahora preguntate: ¿Qué hubieras hecho si hubieras tenido las nociones básicas para dar una asistencia inicial hasta la llegada de la ambulancia? ¿Sabías que es posible salvar vidas con tus manos?


Hoy vamos a hablarte de una de esas situaciones que, lamentablemente, se presentan a diario en la calle, en la oficina y en los hogares: el paro cardiorrespiratorio. Nos guste o no, esta afección es algo cada vez más común en estos tiempos de ritmo vertiginoso; de hecho, según las estadísticas, esta es la primera causa de muerte a nivel mundial. Le puede pasar a un familiar, a un vecino o a cualquier persona con la que te vincules, y por ello es muy importante estar preparados para ayudar ante una emergencia.


A la hora de un paro cardiorrespiratorio el tiempo es uno de los elementos más importantes; mientras más rápido se comiencen las maniobras de RCP (reanimación cardiopulmonar) y se pida ayuda, más chances tendrá el paciente de sobrevivir”, asegura el Lic. Carlos López Bigott, miembro de la AAPA (Asociación Argentina de Paramédicos) y titular de la formación de Paramédicos de FICDE, quien resalta, en este sentido, que “por cada minuto que pasa el paciente sin recibir la asistencia correcta, éste pierde de 7 a 10 por ciento de oportunidades de sobrevivencia”.


Ahora, ¿por qué es tan importante el “factor tiempo”?

Cuando el corazón se detiene, éste entra en una fase de paro cardiorrespiratorio, que también se conoce como ¨fase eléctrica¨. Durante los tres minutos posteriores al episodio, el corazón comienza a funcionar a un ritmo caótico, y no genera pulso”, explica el Lic. López Bigott. En esta instancia dramática, por cierto, es importante mantener la calma; de hecho, en estos minutos puede estar la diferencia entre la vida y la muerte.


Para hacer un correcto diagnóstico de la situación, debemos prestar atención a los llamados “ritmos desfibrilares”, que son dos: fibrilación ventricular y taquicardia ventricular sin pulso. El realizar un correcto diagnóstico permitirá determinar el equipamiento a utilizar para poder revertir el cuadro rápidamente.


Ahora bien, durante esta “fase eléctrica”, y una vez realizado el diagnóstico, es importante comenzar a dar RPC pero, insistimos, esto no debe tardarse. Si a estas maniobras le sumamos la asistencia externa de un DEA (desfibrilador automático) que nos permita realizar una descarga dentro de esa ventana de tiempo, el paciente tiene altísimas chances de recuperarse. Dicho en términos más simples, “si la correcta asistencia se realiza dentro de esos tres minutos, entre el 70 y el 83 por ciento de los pacientes podrán recuperarse satisfactoriamente”, destaca el Licenciado.


¿Qué pasa después de estos tres minutos?

Una vez que se supera ese tiempo, el corazón comienza a perder energía, el sustrato. Este órgano se va agotando, y puede caer en una entidad llamada “asistolia”; en otras palabras, se ingresa a una “fase metabólica de paro cardíaco”, de la cual es más difícil poder recuperar a la persona. Por eso, está claro que el tiempo puede ser nuestro mayor aliado o nuestro peor enemigo para salvar vidas. Debemos actuar rápidamente y con seguridad.


Así que, ya sabés, es importante conocer los conceptos básicos para poder asistir en tiempo y forma a cualquier persona de tu entorno que pase por este duro momento, mientras llega el apoyo médico.

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